Delirios de una Matriuska

Imagina despertarte un día sabiendo que puede ser el último de tu vida. Y así una vez, y otra y otra…atrapado en un bucle infinito que desequilibra y termina por convertirse en esa rutina preestablecida que aporta calma a tu alma.

Entre las millones de series que nos esperan en Netflix para atraparnos en la comodidad de sofá y mantita hay una que me ha hecho estremecerme por dentro. Que se ha llevado de la mano a la niña perdida que me observa desde la oscuridad.

Vestida con el dramatismo de Poe, la autodestrucción de Bukowski y un cierto aire onírico y misterioso que parece obra del mismísimo Murakami, Muñeca Rusa es toda una revelación que araña, rompe y desgarra los límites de lo que creemos cierto, de lo que damos por sabido.

Nadia muere y revive su 36.º cumpleaños una y otra vez. Está atrapada en un bucle temporal y condenada a afrontar su mortalidad. Una oda al espíritu punk de los 70 encarnado en una pelirroja «anti todo» que cree que puede establecer sus propias reglas del juego y controlar cada ficha del tablero.

La clásica idea del libre albedrío, esa a la que todos aspiramos y que nunca llegamos a interiorizar realmente. Porque si no hay nada más, un Dios, un ocaso, un abismo o un infierno celestial esperándonos, significará que somos responsables de nuestro propio destino y eso, es muy complicado aceptarlo.

Nada aterroriza y atrae más al ser humano que la ilusión, la necesidad, de controlarlo todo. Esa falsa idea de control nos ofrece la suficiente calma para enfrentarnos a un futuro incierto que podría no estar escrito.

El Budismo considera que no podemos elegir cuando termina nuestra vida. Ya que, morir, dejar de existir como lo entendemos, es un privilegio que sólo pueden alcanzar los Budas. En base a esta filosofía, elegir nuestra propia muerte no sería una elección real, simplemente nos haría cambiar de estado.

La tragedia de querer encontrar lo que ni siquiera creíamos perdido, la soledad de dos almas a la deriva tratando de alcanzar tierra y el tiempo…ese eterno compañero de viaje que va marcando en su minutero la cuenta atrás de nuestro destino.

Vivir, morir, salir del bucle.

Imagina despertarte cada día pensando que puede ser el último de tu vida. 

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